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Un mundo feliz, Huxley A. (Reseña)

Las referencias con respecto a que esta obra “predijo”, de cierta manera, algunos comportamientos que vivimos en la actualidad son muchísimas. Las razones pululan por internet, pero me centraré en la lucha entre el mundo "feliz" (civilizados) y los "otros" (salvajes).

Huxley consiguió dejar retratado otro mundo, además del "mundo feliz". Existe, pues, la reserva salvaje y las islas donde envían a los que dan signos “molestos” de inadaptabilidad. Es decir, ese orden artificial del mundo que han instaurado los seguidores de Ford (un ser humano venerado como deidad), a pesar de todo su poder, tienen —para mí— la guerra perdida a largo plazo contra la naturaleza. 

En este mismo apartado, la sociedad civilizada afronta lo peor de su existencia a través del “soma” (drogas), y los personajes no tienen en cuenta —creo— que la naturaleza puede resquebrajar en el momento más inoportuno la realidad de los seres humanos, por muy civilizados y avanzados que estén en su estilo de vida. Se me ocurre, por dar un ejemplo, los países del primer mundo —en la actualidad, donde la naturaleza ha causado gravísimos destrozos (y la mano del hombre, también); y sí, su sociedad sabe responder a esas adversidades, pero la naturaleza parece estar siempre acechándoles para recordar su vulnerabilidad como humanos. Seguimos, a final de cuentas, siendo humanos.

Todo esto puede traducirse en lo que algunos llaman: “Formas de ver el mundo”. Por un lado están los profanos que solo se guían por lo que ven sus ojos; muchas de las veces esclavos de sus necesidades corpóreas; y por otro, los seres con un espíritu más religioso (espiritual), capaces de intentar ver más allá de evidente. Sin dudas, una escisión que la modernidad remarca cada vez con más claridad. En esto, Huxley atinó de lleno.





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