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Inconsciente


Está bien, los voy a complacer. Aunque no conozca a ninguno, el que me llamen «inconsciente» a gritos, molestando la tranquilidad de mi casa, ha sido el empujón necesario para, por fin, darles algo de mi atención.
Seamos razonables. Yo también he sido traicionado. Encontraremos al culpable. Pero paren los gritos por un momento.

Acordemos desde ya: el pueblo no sería lo mismo sin mí. Necesitan de mi guía, de mi luz.  ¿Podrían avanzar sin mi presencia?

«Inconsciente», me llaman, haciéndome imaginar a alguien ultrajado, tendido en el suelo en plena calle, imposibilitado de pedir ayuda. Un escenario que bien podría ocurrir en medio de salvajes, pero no en mi pueblo. Aquí todos deberíamos estar atentos, despiertos, ¿no les parece? Todos se molestan con el perezoso que duerme demasiado. ¡La noche es la enemiga, amigos míos! Nunca lastimarían a un niño durante el día. El hombre debería huir del sueño, dejar de dormir. Atiborrarse de café, algún medicamento, lo que hiciera falta, con tal de no ver el infierno que llevamos dentro. Así, incluso ustedes me dejarían en paz.

Hasta ha empezado a llover, cosa extraña en donde nos hallamos. ¿Creen que se trate de un milagro?

«Inconsciente», me dicen, y cada vez que lo hacen siento como si intentaran partirme en varias partes. Sí, como si no solo existiera en mí el ser que vemos y respetamos a diario. ¡Eso me ofende! «In» me recuerda a «inhumano». ¿Acaso, para ustedes, hay una parte de mi humanidad que ya no lo es tanto? Si soy «inconsciente», como me gritan a donde quiera que voy, se debe a que les molesta que ese lado se haya manifestado. Mi parte “despierta”, que vive en el día —a través de mis cinco sentidos—, ganó vuestra confianza; el que obra a nuestras espaldas nos traicionó a todos, incluyéndome. Aquí tienen una conclusión sensata.

No todo es culpa mía.

¡Dejen de romper mis cosas!

Entre ustedes, y el agua de la lluvia que no cesa, me quedaré sin nada.

Sépanlo: Fui incapaz de controlar mis sueños; estando dormido, indefenso, ellos me mostraron mis verdaderos deseos.

Inconsciente, consciente, inhumano, humano, noche, día.

Siempre hubo algo en mi interior que me obligó a hacer daño cada vez que me dejaban a solas con un niño.

¿Cómo pueden gritarme «inconsciente» a todas horas? Es para que piense en esto, ¿verdad? Para que me termine de volver loco.

¡Dije que los iba a complacer!

«Inconsciente» me lleva a pensar en noche; noche a oscuro; oscuro a oculto; oculto a deseo; deseo a libertad; libertad a libertinaje; libertinaje a felicidad; felicidad a imposible; imposible a irreal; irreal a fantasía; fantasía a inocencia; inocencia a niñez; niñez a mi padre; mi padre a…

¡¿Cómo pudieron confiarle niños a un sacerdote como yo?!

¡Déjenme pensar!

Mi padre me recuerda a ruido; ruido a locura; locura a Dios; Dios a protección; protección a día; día a bien; bien a paz; paz a muerte…

Los voy a complacer…

Me tiraré por la ventana.

Quizás eso calle de una vez a las voces en mi cabeza que me gritan: «Inconsciente».

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