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Reporte: Vodka


Lo va entendiendo despacio, viejo amigo. Soy un corresponsal independiente, de los que viajan a todas partes, y hablan solos a donde quiera que vayan; si el tiempo y las circunstancias lo permiten, desde luego. Tengo motivos suficientes para pensar que solo de esta manera podré encontrar al misterioso Señor Tim.

Esta vez mis pies me han llevado a Oriente (no seré más exacto), donde me han tratado muy bien. Conocí a una amable señora, ronda los setenta y cinco años, y me acogió en su casa nada más saber que era amigo suyo. Recuérdeme preguntar sobre su secreto la próxima vez que nos veamos. Me inquieta esa habilidad de creer que no tiene amigos, y a la vez ser tan estimado por donde quiera que haya pasado. El caso es, que cuando desperté esta mañana en su cama, tenía la televisión puesta y, sin querer, he dado con el motivo de mi visita. Ya sabe usted que me gusta viajar, dejarme llevar por el azar, y descubrir de a poco el porqué de tal o cual acción.

Se trata de un campeonato de fútbol. Nada más comprenderlo, me llené de energía y fui enseguida a tomar algunas muestras del lugar de los hechos. Así es, este crimen necesitaba toda mi atención desde un principio.

La cosa es que los cuerpos están muy frescos, casi vivos. El torneo recién empieza —aspecto también desconocido para este servidor— y no hay víctimas que contar. Todos están alegres, repletos de esperanza, entusiasmo… Creo que desconocen por completo que ellos no ganan nada, que todo se lo llevarán los que corren dentro de la cancha. Enternece, no hay duda.

Esa misma mañana, fui a parar a un orfanato. Dio la casualidad que uno de los equipos participantes estaba de visita. Al hablar con uno de los presentes, me dijo que le daba mucha pena ver a seres humanos con las caras tan largas, sin ilusión, sin motivación real por vivir. Quien lo dijo, se llamaba Khorosho Nachatyy, de siete años. Mantuve una conversación tan profunda con él, espero poder redactarla otro día con más tiempo.

Pero sigo con el tema central: los demonios que se alimentan de humanos.

Como sabe, soy dado a relacionarme con gente gustosa de reunirse en sitios donde no existe ninguna ventana. A lo mucho, una pequeña puerta despegada del suelo, para que no nos desconcentre. Pues aquí, ya por la tarde, uno de ellos concluyó que en los estadios había tal cantidad de energía, que se podría alimentar con ella a un gigantesco dragón. Mi primera impresión fue de duda. ¿Cómo podía trasladar a mi dragón hasta un estadio de fútbol, sin llamar la atención? Pero el debate que se armó luego dio buenos resultados, de los cuales, paso a resumir el punto clave. ¡Maldito el tiempo que se consume!

Se dijo que, muy a nuestro pesar, estos demonios no necesitan estar presentes para poder alimentarse de la euforia, ira, decepción, tristeza, de los asistentes. Todo va de ser sutiles. Esto lo entendí a la perfección, recordando mi primera noche en la casa de mi anfitriona septuagenaria. En medio de la noche, con un poco de cuidado, y algo de aceite, solo se necesita una excusa y un preservativo con buena fecha de caducidad. La fecha de caducidad es importante. ¡Eso hasta los demonios lo saben!

Bueno, ¿qué le iba a decir yo?

Ah, sí. Que su amiga le envía muchos saludos. Preguntó si éramos parte de alguna secta satánica. Le dije que sí, para que la pobre no se quedara con ninguna duda.

Pierda cualquier temor. Daré con el paradero del Señor Tim. Espere mi próximo reporte.

Vodka.

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