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En ausencia de un Colt


Frank Caudett y su esposa Yarza tenían una tienda inmensa y complicada. En el lejano oeste, en concreto: en Silver City, eran conocidos por ser el único lugar con tejadillos y ganchos. Un decorado especial que el mismo Frank había tardado cuatro horas en montar el día de la reinauguración.

Habían pasado un par de años desde entonces, pero todavía mantenían fresco el recuerdo de aquel día, de lo sucedido en ese espacio de tiempo. Y es que era una historia difícil de olvidar, y desconocida para todo el pueblo.

Nada más empezar, Frank sufrió la baja de un pulgar y un meñique. Yarza, entre tanto, no paraba de mover cosas por la tienda, de decir lo mucho que le gustaba tener todo repleto de tejadillos (aun cuando antes de encargarlos, no sabía ni lo que eran), y de recordarle a Frank que todo tenía que estar listo pronto. El premio por cumplir con la misión era gordo: le dejaría un rincón para estar a solas con sus libros de ganadería.

Quedaban tres horas para reabrir la tienda.

El lugar ya tenía mejor aspecto. Los ganchos afilados para colgar todas las macetas costaron solo un par de chichones en la cabeza de Frank. Entre tanto, Yarza, más serena, dijo que era momento de darle un toque complicado al lugar. Así fue como empezó a dispersar libros por todas partes.

La siguiente hora se fueron a la trastienda. Nueve meses más tarde, sabrían que ese día engendraron a su primogénito. Cosas del viejo oeste.

Por fin, la última hora fue de comprobaciones. Estaban seguros, confiados. Entre plantas, ganchos reutilizados, tejadillos que llamarían la atención hacia el techo y no al suelo, donde todo estaba cubierto de libros, el Sheriff jamás descubrió los cadáveres de los verdaderos dueños.

Y es que en el oeste, en el viejo oeste, muchos eran los que llegaban y se hacían con una nueva vida, aunque fuera usurpando la de alguien más, si la circunstancia así lo requería.

Los Caudett habían llegado huyendo de viejas riñas, echando tierra de por medio, desarmados, solo con una idea en la cabeza: conquistar el oeste en ausencia de un Colt.


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